Rafael Cox Alomar

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¿Y el nombramiento del gabinete para cuándo?

Published at El Nuevo Día Llegó el mes de diciembre. Y el humo con tufo a pólvora sigue saliendo de las entrañas del Comité de Transición. El tiroteo no se detiene. La semana pasada le tocó el turno al secretario de Justicia. A Domingo Emanuelli le sacaron las tripas a sangre fría. En cuestión de…

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Llegó el mes de diciembre. Y el humo con tufo a pólvora sigue saliendo de las entrañas del Comité de Transición.

El tiroteo no se detiene. La semana pasada le tocó el turno al secretario de Justicia. A Domingo Emanuelli le sacaron las tripas a sangre fría. En cuestión de minutos lo tacharon de chapucero, “wishy-washy”, invertebrado, enajenado y sastre jurídico. Resta por ver si la próxima administración se comerá los niñitos crudos como nos quieren hacer creer o, si por el contrario, caerá en la misma monguera que tanto le critica a la administración saliente de su propio partido. El tiempo dirá.

Mientras tanto muchos se preguntan ¿y el nombramiento del gabinete para cuándo? ¿Habrá alguna simulación de balance ideológico? ¿Contará con populares, aliancistas, dignidosos o independientes? ¿Qué nos enseña la Constitución y nuestra historia política sobre la selección del gabinete? Veamos.

La Constitución no deja espacio a equívocos. La gobernadora electa gozará de amplio poder para nombrar su gabinete. Sus designaciones (a menos que sean de receso) no surtirán efecto sin el consejo y consentimiento del Senado, léase Thomas Rivera Schatz (Artículo IV, Sección 5). En el caso del secretario de Estado y el contralor se requerirá, además, el concurso de la Cámara de Representantes (Artículo III, Sección 22).

Distinto a la Constitución federal, nuestra Constitución establece con especificidad las secretarías que componen el gabinete constitucional de la gobernadora entrante, a saber Estado, Justicia, Educación, Salud, Hacienda, Trabajo, Agricultura, Comercio y Obras Públicas. (Artículo IV, Sección 6). En Puerto Rico los secretarios del gabinete no están sujetos a términos fijos, como fue el caso bajo las leyes Foraker y Jones. Tampoco son rehenes de los vaivenes de la política electoral, toda vez que la Convención Constituyente derrotó la propuesta de los delegados estadistas y socialistas de limitarlos a términos de cuatro años y someter su selección a votación.

¿Y qué dice nuestra historia?

Que cada gobernador anunció sus designaciones al gabinete conforme las circunstancias políticas que le tocó vivir. Algunos se tardaron más y otros menos.

En sus primeros mandatos Luis Muñoz Marín, Rafael Hernández Colón y Carlos Romero Barceló hicieron públicas sus designaciones principales a solo días de sus respectivas victorias. Muñoz inmediatamente hizo pública su designación de Vicente Géigel Polanco como procurador general (precursor del secretario de Justicia), Mariano Villaronga, en Educación y su decisión de retener a Teodoro Moscoso y Rafael Buscaglia en Fomento y Tesorería (antecesora de Hacienda), respectivamente. Estos últimos pertenecían al gabinete del gobernador saliente Jesús T. Piñero.

Hernández Colón anunció la designación de Víctor Pons como secretario de Estado y Salvador Rodríguez Aponte como su ayudante principal en La Fortaleza tres días después de su copo electoral de 1972. Hernández Colón fue más allá y dejó saber en plena transición que nominaría al entonces juez presidente interino Pedro Pérez Pimentel como juez presidente en propiedad. Algo parecido hizo Romero en 1976, cuando 72 horas después de su triunfo sobre Hernández Colón anunció las designaciones de Herman Sulsona en Educación y Jaime Rivera Dueño en Salud.

Luis A. Ferré, por su parte, hizo públicas sus designaciones al gabinete mes y medio después de su elección, en una conferencia de prensa que se celebró el 19 de diciembre de 1968 en el Hotel El Convento. En su segundo mandato, Hernández Colón aguardó hasta mediados de diciembre de 1984 para sus designaciones de Héctor Luis Acevedo, Héctor Rivera Cruz y Juan Agosto Alicea en los departamentos de Estado, Justicia y Hacienda, respectivamente. Sánchez Vilella se tomó más tiempo y anunció su designación de Carlos Lastra como secretario de Estado el 4 de enero de 1965, dos días después de su inauguración. Semana y media más tarde nombró a Miguel Hernández Agosto, Genaro Baquero y Ángel Quintero Alfaro en Agricultura, Comercio y Educación (respectivamente), así como a Jeannette Ramos Buonomo como ayudante especial en La Fortaleza.

¿Y con Jenniffer González qué podemos esperar? ¿Reclutará funcionarios del calibre de Teodoro Moscoso o Géigel Polanco? ¿O se colarán corruptos consuetudinarios de la talla de Víctor Fajardo o Julia Keheler? ¿Echaremos hacia adelante? ¿O seguiremos patinando?

En cuestión de días sabremos.

Atentos.

 

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