Frustrado por los desplantes que sufrió a manos del entonces presidente George Washington, John Adams, vicepresidente de ese gobierno, le confesó a su esposa Abigail en carta del 19 de diciembre de 1793, que “la vicepresidencia es la posición más insignificante jamás concebida por la imaginación del hombre”. (Véase “Letters of John Adams Addressed to His Wife” (1841), p. 133.)
Y es que la vicepresidencia es la posición más débil de todo el ordenamiento constitucional americano. La Constitución apenas hace referencia a ella en dos ocasiones. (Art. I, Sec. 3 y Art. II, Sec. 1). Y de las 27 enmiendas que se le han incorporado desde 1789, solamente la duodécima (1804) y la vigesimoquinta (1967) le prestan alguna atención.
Si algo demuestra el diario de James Madison es que la vicepresidencia no suscitó el más mínimo interés entre los delegados a la Convención Constituyente, quienes la dotaron únicamente de dos funciones: la de presidir el Senado (con derecho a voto únicamente en caso de empate) y la de sustituir al presidente.
Tan insignificante era la vicepresidencia a los ojos de los constituyentes que olvidaron proveer un mecanismo para el reemplazo del vicepresidente, en caso de su muerte o imprevista sucesión a la presidencia. Ahí que la vicepresidencia quedó vacante entre 1841 y 1845, 1850 y 1853, 1865 y 1869, 1881 y 1885, 1901 y 1905, 1923 y 1925, 1945 y 1949 y entre 1963 y 1965, a raíz de la muerte de los presidentes William Henry Harrison, Zachary Taylor, Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley, Warren Harding, Franklin D. Roosevelt y John F. Kennedy y la ascensión al poder de sus respectivos vicepresidentes. No fue hasta la ratificación de la vigesimoquinta enmienda en 1967 que tal omisión quedó finalmente subsanada.
¿Y en qué consiste el maleficio que Kamala debe romper para llegar a Casa Blanca? Consiste en que en 235 años solo cuatro de 49 vicepresidentes han sido electos (de forma directa y sin escala) a la presidencia mientras ocupaban la vicepresidencia. Y si sacamos a Adams y Jefferson (quienes llegaron a la vicepresidencia antes de la ratificación de la duodécima enmienda) solo Martin Van Buren y George H. W. Bush en 1836 y 1988, respectivamente, lo lograron.
Muchos han sido los llamados, pero pocos los escogidos. Están los vicepresidentes que ganaron la nominación presidencial a lo interno de sus partidos, pero perdieron la elección: Al Gore (2000), Hubert Humphrey (1968), Richard Nixon (1960) y John Breckinridge (1860), quien cayó derrotado a manos de un desconocido y desaliñado abogado de Illinois llamado Abraham Lincoln.
Están los vicepresidentes que fueron derrotados en su afán por alcanzar la nominación presidencial de su partido: Alben Barkley (vicepresidente de Harry Truman) y John Garner (primer vicepresidente de Franklin Roosevelt) en 1952 y 1940, respectivamente.
También están los exvicepresidentes que, a diferencia de Richard Nixon (1968) y Joe Biden (2020), buscaron sin éxito la presidencia. Ahí el caso de Walter Mondale (1984). Otros ni siquiera lograron la nominación presidencial de su partido. Por esa solitaria ruta transitaron el pusilánime de Mike Pence (2024), el mentecato de Dan Quayle (2000), Charles Dawes quien perdió la nominación republicana en 1936, luego de ser vicepresidente entre 1925 y 1929 del inconsecuente Calvin Coolidge, Thomas Marshall, quien tampoco logró la nominación demócrata en 1920, luego de ocho años como vicepresidente de Woodrow Wilson, Charles Fairbanks, quien luego de 4 años como vicepresidente de Teodoro Roosevelt cayó abatido en la Convención Republicana de 1916 y Levi Morton, quien luego de ser vicepresidente del catastrófico Benjamin Harrison entre 1889 y 1893 fue derrotado en su intento por alzarse con la nominación presidencial republicana en 1896.
¿Y qué pasará con Kamala?
A juzgar por los números que nos llegan de Virginia, Pennsylvania, Wisconsin y Michigan, la vicepresidenta se encamina a romper el maleficio. Y en lo que el hacha va y viene, ¿qué hacer con los ataques bajunos de Trump y Vance? Aplicar la sabia máxima de Churchill que dice “nunca llegarás a tu destino si te paras a tirar piedras a cada perro que te ladra en el camino”.