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Pedro Albizu Campos: a 60 años de su muerte

Pedro Albizu Campos: a 60 años de su muerte Publicado el 29 de abril de 2025 en El Nuevo Dia Llegaba a su fin el miércoles, 21 de abril de 1965. Aquella noche moría en la calle Juan J. Jiménez de Hato Rey el líder máximo del nacionalismo puertorriqueño: Pedro Albizu Campos. La noticia corrió…

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Pedro Albizu Campos: a 60 años de su muerte

Publicado el 29 de abril de 2025 en El Nuevo Dia

Llegaba a su fin el miércoles, 21 de abril de 1965. Aquella noche moría en la calle Juan J. Jiménez de Hato Rey el líder máximo del nacionalismo puertorriqueño: Pedro Albizu Campos.

La noticia corrió como pólvora. En menos de una hora más de 2,000 personas se arremolinaron a las afueras de la casa donde había fallecido el apóstol.

El entierro fue apoteósico. Ese domingo, 25 de abril, una masa compacta de entre 40,000 y 50,000 personas desbordó las calles del Viejo San Juan. Las honras fúnebres comenzaron en el Ateneo, donde incluso connotados líderes estadistas como Santos P. Amadeo le rindieron guardia de honor.

Del Ateneo la multitud cargó el féretro en hombros hasta la Catedral. Y de allí, con el féretro nuevamente en hombros, la muchedumbre se dirigió al cementerio Santa María Magdalena de Pazzis.

Había muerto el hombre. Nacía la leyenda.

Váyase hoy a cualquier festival cultural y verá jóvenes y adultos con toda suerte de camisetas, carteles, serigrafías y demás efectos artesanales alusivos a Albizu Campos. Camine por la Calle San Sebastián y se topará con la majestuosa xilografía del maestro Dennis Mario titulada “Don Pedro con los pitirres”. Métase en las redes sociales y encontrará discursos, documentales, canciones, películas y obras de teatro sobre Albizu. Mire el video en el que Bad Bunny prologó sus conciertos y verá la ovación del público cuando Albizu apareció en pantalla.

¿Por qué la fascinación con Albizu? ¿Cómo es posible que quien nunca ocupó posición gubernamental alguna goce hoy de mayor prestigio que sus carceleros entonces encumbrados en la cima del poder?

Albizu nació en el barrio Tenerías de Ponce, el 29 de junio de 1893 (no queda claro si fue el 12 de septiembre de 1891). Hijo extramatrimonial de Juliana Campos (mujer negra oriunda de Juana Díaz) y de Alejandro Albizu Romero (hacendado ponceño de ascendencia vasca). Huérfano de madre a los dos años, se crió en la más abyecta pobreza con una tía materna. No sería reconocido por su padre hasta 1914. Fue un estudiante brillante. Llegó en 1912 a la Universidad de Vermont y en 1913 fue admitido a Harvard, donde se graduó de ingeniero químico (1916) y de abogado (1923). En Harvard se abrazó a la causa nacionalista puertorriqueña, inspirado por Varela y Tagore.

Regresó a Puerto Rico a principios de los veinte. Se alió al Partido Unión Socialista por la prédica independentista de José de Diego. Pero, cuando en 1924 los unionistas se aliaron con los republicanos estadistas, ingresó en el Partido Nacionalista, cuya presidencia alcanzó el 11 de mayo de 1930.

Se autopromulgó la misión de acabar con el nacionalismo de “pacotilla” e ir de la palabra a la acción. Dicho y hecho.

Fue convicto en el Tribunal Federal en 1936 por su prédica independentista (bajo un estatuto que, décadas más tarde, el Supremo federal declaró inconstitucional).

Estuvo preso en Atlanta entre 1937 y 1943. Regresó a Puerto Rico en 1947. Volvió a sufrir cárcel por sus ideas entre 1950 y 1964 (indultado en 1953 y apresado nuevamente en 1954). En prisión sufrió un derrame cerebral (1956) que lo incapacita permanentemente.

El 15 de noviembre de 1964 fue indultado por el gobernador Luis Muñoz Marín.

Murió cuatro meses más tarde.

Distinto a Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, Albizu contribuyó con una cosmovisión de praxis de coloniaje. Los cuatro meses que Román Baldorioty de Castro padeció en El Morro (agosto a diciembre de 1887) palidecen ante los veinte años que Albizu vivió tras las rejas por intentar aquí la gesta de Washington, Bolívar, Maceo y Duarte.

Lo advirtió César Andreu Iglesias: “Se ha pretendido minimizar a Albizu diciendo que su pueblo rechazó sus palabras y repudió sus actos. Pero eso es cargado de bachilleres. Muy poca importancia tiene que fue repudiado o rechazado. Lo que les dolió fue el peso de sus palabras y de sus actos en la conciencia de los puertorriqueños, eso sí será lo perdurable. Y esa, precisamente, es la diferencia entre el apóstol y el político.” (El Imparcial, 24 de abril de 1965)

Ahí la inmortal grandeza del apóstol Pedro Albizu Campos.

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