Rafael Cox Alomar

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Manga por hombro

Manga por hombro Publicado el 8 de mayo del 2025 en El Nuevo Dia. Hacía apenas cinco meses que Richard Nixon había juramentado por segunda ocasión como presidente de Estados Unidos. Luego de dos derrotas consecutivas en 1960 y 1962 (la primera por la presidencia contra John F. Kennedy y la segunda por la gobernación…

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Manga por hombro

Publicado el 8 de mayo del 2025 en El Nuevo Dia.

Hacía apenas cinco meses que Richard Nixon había juramentado por segunda ocasión como presidente de Estados Unidos.

Luego de dos derrotas consecutivas en 1960 y 1962 (la primera por la presidencia contra John F. Kennedy y la segunda por la gobernación de California a manos del gobernador Pat Brown), Nixon finalmente había llegado a la cumbre del poder.

¿Y qué pasó después?

Pasó que se derrumbó como castillo de naipes.

El lunes, 25 de junio de 1973, John Dean (asesor legal de la Casa Blanca) dejó al mundo con la boca abierta cuando, bajo juramento, reveló “que había un cáncer próximo a la presidencia que crecía diariamente”. Ese cáncer fue el escándalo de Watergate, cuya metástasis culminó con la bochornosa e histórica renuncia de Nixon el 9 de agosto de 1974.

Si el cáncer que carcomió la administración Nixon fue el escarnio mundial del comité del Partido Demócrata en el edificio Watergate, el cáncer que corroe a la administración de Jenifer González es el de la inmadurez, terquedad, deshonestidad y chabacanería.

¿Se imagina usted a Luis Muñoz Marín e Inés María Mendoza hablando vulgaridades en un podcast? ¿A Roberto Sánchez Vilella y Jeannette Ramos Buonomo revelando por las redes sociales las intimidades del torrido romance que cambió el rumbo de nuestra historia política? ¿Habrían aparecido en un pozo muro mediático haciendo insinuaciones impropias sobre cómo comenzó su relación en la Guayama de finales de la década de los 1920? ¿Y Rafael Hernández Colón y Lila Mayoral Wirshing, quienes por 12 años vivieron en La Fortaleza, hubieran caído en el vergonzoso circo de hablar boberías cual urracas parlanchinas? ¿O será que, por el contrario, cada una de estas distinguidas parejas hubiera aprovechado la ocasión de una comparecencia compartida para sincerarse directamente con el pueblo sobre asuntos de alto interés público cercanos a su corazón?

Inés María Mendoza, la valiente maestra de Naguabo que desde la Central High defendió nuestra lengua a capa y espada, hubiera hablado sobre cómo potenciar nuestra maltrecha educación pública.

Jeannette Ramos Buonomo, egresada de la Universidad de Utrecht (Holanda) y quien fue la primera mujer en servir como asesora del gobernador en La Fortaleza (1965–67), habría alentado a las jóvenes puertorriqueñas a nunca darse por vencidas en la conquista de sus metas.

Lila Mayoral, quien con nobleza de espíritu lideró la reconstrucción del país luego del demoledor paso del huracán Hugo en 1989, hubiera inspirado a sus oyentes a zambullirse en el servicio comunitario.

Y es que cada una de esas figuras (tanto los gobernadores como sus cónyuges) siempre respetó —a pesar de las divergencias ideológicas que las separaban— la dignidad de la alta magistratura que el país, en el ejercicio de su voluntad democrática, confió en ellos.

Muy distinto al mensaje que la gobernadora envía hoy al país.

¿Qué mensaje envía al país una gobernadora que, cuando la prensa la fustiga públicamente sobre sus desatinados nombramientos al gabinete, responde con una rabieta?

¿Qué mensaje envía una gobernadora que insiste en el nombramiento de la exfiscal Janet Parra como secretaria de Justicia cuando ésta última no ha podido ni siquiera desmentir las devastadoras alegaciones de persecución, carpetéo y comportamiento antiético que contra ella pesan?

¿Qué mensaje envía una gobernadora que, a pesar de toda la evidencia que afloró en el proceso que condujo en el Senado su compañero de partido Thomas Rivera Schatz, todavía insiste en mantener enchufado en el poder y en el presupuesto del país al polémico matrimonio Domenech-Ferrario?

¿Qué mensaje envía una gobernadora que para cada crisis designa un comité?

Y a propósito: ¿Qué ha resuelto el comité para la transformación energética?
Nada.

¿Y el de reforma contributiva?
Nada.

¿Y el de permisos?
Nada.

¿Y el de fondos federales?
Nada.

Y entre comité y comité, ¿qué ha resuelto la gobernadora?
Nada.

Y es que su administración está muda.

Algo así como los microbios, que están ahí pero no se ven.

Métase en cualquier cafetín, chinchorro, lechonera o alcantarilla por ahí y pregunte: ¿cómo están las cosas en La Fortaleza?

Y a coro le contestarán: “manga por hombro.”

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