Rafael Cox Alomar

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LUMA, Saca y el regreso del Chupacabras

Published at El Nuevo Día Contaba hace algún tiempo un cantinflesco alcalde que por los campos de su natal Canóvanas moraba un sanguinario depredador que salía de noche a chuparle la sangre a las cabras. Algo así como una versión criolla y cuadrúpeda del Drácula de Bram Stoker. Pues resulta que mientras la tormenta Ernesto…

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Contaba hace algún tiempo un cantinflesco alcalde que por los campos de su natal Canóvanas moraba un sanguinario depredador que salía de noche a chuparle la sangre a las cabras. Algo así como una versión criolla y cuadrúpeda del Drácula de Bram Stoker.

Pues resulta que mientras la tormenta Ernesto nos dejó en las tinieblas el chupacabras volvió a salir de su madriguera, esta vez disfrazado de presidente de LUMA Energy. ¿Y quién es el presidente de LUMA? Un caballero de nombre Juan Saca. ¿Y qué sabe Saca de energía? Nada (por admisión propia). Hizo su carrera vendiendo celulares y otras chucherías y ahora (para bochorno nuestro) es el zar energético de Puerto Rico. ¿Y qué propone? Chuparle hasta la última gota de sangre a los puertorriqueños con un nuevo aumento a la luz. ¿Otro aumento? ¿Para qué? Para regalarle a LUMA $200 millones para que entre apagón y apagón nos succione hasta el tuétano de los huesos.

Este Saca es el mismo que con una única cara de lata proclamó a los cuatro vientos que LUMA había hecho “un excelente trabajo” mientras cientos de miles de familias puertorriqueñas continuaban a oscuras aun cuando el ciclón Ernesto ya iba acercándose a las Bahamas.

No descartan apagones a corto plazo

A Saca en cualquier país serio hace rato lo hubieran deportado. Pero nuestra crisis energética no se resuelve con solo sacar a Saca (aunque a Saca hay que sacarlo). El desafío ante nosotros es mucho más complejo y parte de una tragedia mayor.

Lo que empezó en 1941 como un proyecto patriótico de justicia social y desarrollo económico producto de la visión de ese gran puertorriqueño que fue Antonio Luchetti y la voluntad política de la Generación del 40 es hoy una excrecencia.

¿Y por qué colapsó? Por el pillaje, la corrupción y el saqueo de las claques políticas, así como por la incompetencia de la gerencia y los abusivos e ilimitados chantajes de la UTIER. ¿Y LUMA qué? Botó el bate y la bola. LUMA es una sanguijuela corporativa, sin expertise técnico y sin el más mínimo compromiso con Puerto Rico, cuyos honorarios anuales rondan los $121 millones y cuyo único interés es chuparse los cerca de $16 billones que FEMA y HUD han obligado para la restructuración de nuestro cavernario sistema eléctrico.

¿Y ahora qué? ¿Cancelar el contrato? ¿Volver a la AEE como desesperadamente proponen algunos chupacabras políticos? ¿Transitar por una tercera vía? ¿Buscar otro operador privado? ¿Crear una nueva entidad pública? ¿Cómo bregar con el “back-end transition”?

Son preguntas difíciles y delicadas que conllevan graves riesgos para Puerto Rico y que no se pueden contestar desde la óptica de la retórica politiquera. Lo primero que hay que saber es que ningún gobernador podrá cancelar el contrato de LUMA sin el consentimiento de la Junta. (Véase Artículo 14.2(b) del contrato). El impacto de la deuda energética sobre el Plan Fiscal es de tal magnitud que la decisión final siempre recaerá sobre la Junta. Persuadirla para que acceda a la cancelación del contrato requerirá además del respaldo de FEMA, HUD y en última instancia del Congreso y la Casa Blanca porque el 89% de los fondos para la restructuración del sistema energético proviene del Tesoro federal.

Y aun cuando la Junta acceda a la cancelación y comience el litigio (conforme el Artículo 15 del contrato), la opción de volver a la AEE es un sinsentido porque esa es una entidad cadavérica endeudada hasta las teleras, sin acceso alguno a los mercados de capital, que todavía no ha podido restructurar su deuda y que a juzgar por la decisión del Primer Circuito del pasado 12 de junio no podrá hacerlo en el futuro previsible.

Es más que evidente que tenemos que salir de LUMA. Pero hay que hacerlo conforme una estrategia inteligente que provea para una transición ordenada y que cuente con el respaldo de Washington. Lo contrario es pura demagogia.

Ojo con los chupacabras políticos que hablan a lo loco por ahí en la desesperada pesca de chavitos y votitos. Ni queremos los chupacabras de LUMA ni tampoco los chupacabras políticos criollos, siempre tan adictos a la desinformación y demagogia.

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Rafael Cox Alomar