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La Encuesta de El Nuevo Día: Pablo José Hernández: ¿jinete sin caballo?

Published at El Nuevo Día La carrera por la más antigua de todas las candidaturas estatales confirma que el ciclo del bipartidismo tradicional, que arrancó con la elección de 1968, aparenta haber llegado a su fin. Puerto Rico lleva 124 años votando por candidatos a la comisaría residente. Cuando todavía no votábamos por senadores (1917)…

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La carrera por la más antigua de todas las candidaturas estatales confirma que el ciclo del bipartidismo tradicional, que arrancó con la elección de 1968, aparenta haber llegado a su fin. Puerto Rico lleva 124 años votando por candidatos a la comisaría residente. Cuando todavía no votábamos por senadores (1917) o gobernadores (1948) ya estábamos enviando comisionados a Washington. Unos resultaron incoloros como Tulio Larrínaga y Félix Córdova Dávila, otros invisibles como Santiago Iglesias Pantín y Bolívar Pagán. Algunos fueron combativos como Luis Muñoz Rivera y Carlos Romero Barceló. Además, uno que otro gozó de respeto en Washington como Antonio Fernós Isern, Jaime Benítez y Antonio J. Colorado. Sin embargo, la gran mayoría fueron eminentemente inefectivos en trazar y adelantar una agenda de autosuficiencia y desarrollo económico para Puerto Rico.

¿Será distinto esta vez? ¿Quién sustituirá a Jenniffer González? ¿Logrará el PPD romper el hechizo que lo ha mantenido desterrado de Washington por 20 años? ¿Continuará la hegemonía del PNP en la Capital federal? ¿Sorprenderá la Alianza? ¿Qué nos dice La Encuesta de El Nuevo Día?

Lo primero que arroja La Encuesta es que William Villafañe aparenta gozar de una holgada ventaja de 10% sobre Pablo José Hernández, que la delantera de Villafañe sobre Hernández se mantiene en todos los segmentos demográficos y geográficos, excepto entre los electores más jóvenes (entre 18 y 34 años) y los no afiliados en donde la candidata de la Alianza Ana Irma Rivera Lassén y el candidato popular le aventajan, respectivamente. Parecería, a primera vista, que Villafañe se encamina a un triunfo similar al que obtuvo Jenniffer González en 2020, cuando ganó por un margen de 9 puntos (41% a 32%).

Tal apreciación, no obstante, es un tanto prematura si tomamos en cuenta que los números La Encuesta de El Nuevo Día no reflejan el impacto que pudo haber tenido en el ánimo de los electores el debate del pasado 7 de octubre. La comparecencia de Villafañe fue bochornosa y dejó al descubierto que es un candidato superficial, carente de contenido, incapaz de comunicarse con soltura en inglés y que, por consiguiente, no cuenta con los recursos para defender efectivamente los intereses de Puerto Rico en los círculos de poder en Washington. Habrá que ver qué efecto, si alguno, van a tener los debates (incluyendo el del próximo 17 de octubre) sobre la contienda.

Lo que La Encuesta sí demuestra es que la ventaja de Villafañe se debe, en gran medida, a una simple realidad aritmética. ¿Cuál es? Que el corazón del rollo penepé es considerablemente más grande que su homólogo popular. Que hay una hemorragia de ex populares, ahora autodenominados no afiliados, que ya no votan íntegro bajo la insignia de la Pava (particularmente en el área metropolitana) y que un número importante de esos populares desafectos considera seriamente votar por Juan Dalmau y Ana Irma Rivera Lassén.

Tanto para Hernández como para Rivera Lassén la pregunta determinante es ¿cómo detener a Villafañe a tres semanas de las elecciones?

En el caso de Rivera Lassén la misión será doble. En primer lugar, debe convencer a esos miles de jóvenes y no afiliados que aborrecen el bipartidismo a que salgan a votar no solo por Juan Dalmau y Manuel Natal sino por ella también. Y, en segundo lugar, atraer el voto de los populares liberales hoy desencontrados con la Pava a raíz del rumbo que tomó la colectividad bajo las funestas presidencias de José Luis Dalmau y Jesús Manuel Ortiz.

En la pesca de esos votos mixtos, Rivera Lassén se va a encontrar de frente con Pablo José Hernández, cuya ilusión de acceder a la comisaría difícilmente se materializará sin el voto de los miles de populares desafectos y ex populares liberales que ahora están con Juan Dalmau.

La única salida que tiene el candidato popular es pedir votos prestados a diestra y siniestra porque con el voto íntegro popular solo no va a llegar a Washington.

Ahí el dilema del jinete sin caballo.

Rafael Cox Alomar