Rafael Cox Alomar

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El voto útil es Juan Dalmau

Published at El Nuevo Día Cundía el pánico entre las fuerzas vivas del País, tan adictas al latifundismo azucarero y al control del viejo Partido Estadista Republicano, entonces coaligado en una oportunista mogolla con el Partido Socialista. El año era 1934 y el presidente Franklin D. Roosevelt había firmado la controversial ley Costigan-Jones que estabilizó…

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Cundía el pánico entre las fuerzas vivas del País, tan adictas al latifundismo azucarero y al control del viejo Partido Estadista Republicano, entonces coaligado en una oportunista mogolla con el Partido Socialista.

El año era 1934 y el presidente Franklin D. Roosevelt había firmado la controversial ley Costigan-Jones que estabilizó el zigzagueante precio del azúcar mediante restricciones a la producción local, a la vez que aumentó los impuestos sobre los latifundistas para con los nuevos recaudos intentar mejorar la calidad de vida de aquella hambrienta masa de picadores de caña entonces tan explotada.

Inmediatamente se formaron bandos a favor y en contra de la ley Costigan-Jones. El Partido Liberal, por voz de su presidente Antonio R. Barceló y su joven lugarteniente Luis Muñoz Marín, se fue del lado de los jíbaros y la mogolla Estadista Republicana Socialista del lado de los explotadores latifundistas ausentes.

Fue a propósito de la agria controversia que suscitó el bill Costigan-Jones que se escenificó en el pueblo de San Germán el primer gran debate en la historia política de Puerto Rico. El día fue domingo 17 de marzo de 1935. (Véase El Mundo, 20 de marzo de 1935 a las págs. 5-8). Y los debatientes fueron el entonces presidente republicano de la Cámara de Representantes Miguel Ángel García Méndez y el senador liberal e independentista Luis Muñoz Marín. Aquel debate lo escuchó por radio Puerto Rico entero. Durante horas los debatientes (sin necesidad de alcahuetes ni payoleros) se enfrascaron en un combate cuerpo a cuerpo, desmenuzando conceptos, arrojando luz, diseccionando el alcance del bill Costigan-Jones y enmarcando la problemática del azúcar dentro de su contexto global.

Aquello sí fue un debate. ¿Igualito a los de ahora? Para nada. ¿Y por qué? Porque lo de ahora es un ejercicio en chismorreo mediático. Que si el traje negro y blanco de Jenniffer González (con todo y lazo negro) estaba tan feo que parecía de ultratumba, que si el chaquetón verde de Jesús Manuel Ortiz había salido de algún pulguero de Río Piedras, que si Juan Dalmau se había dejado invisibilizar por sus rivales, que si a Javier Jiménez lo había maquillado su peor enemigo, que si los candidatos llegaron agarrados de mano de sus respectivos cónyuges, que si hubo cocoteo, que si cuantos corruptos acompañaron a la candidata penepé, que si el candidato popular llegó con cuatro gatos, y así sucesivamente transcurrieron los debates de esta jornada electoral que ya llega a su fin.

Y así como se ha prostituido el concepto del debate, también se ha desvirtuado el significado de bipartidismo. Por ahí andan algunos seudo analistas payoleros que sostienen que el PIP y MVC predican la moral en calzoncillos porque lo de ellos también es puro bipartidismo igualito al PNP y PPD. Falso. ¿Y por qué? Porque bipartidismo nada tiene que ver con alianzas o concertaciones partidistas, que es lo que han hecho el PIP y MVC. ¿Y entonces qué es bipartidismo? La ininterrumpida alternancia en el poder de dos partidos políticos hegemónicos y protagónicos. Y eso es lo que ha imperado en Puerto Rico entre populares y penepés desde la elección de 1968.

Pero lo que los puertorriqueños no podemos prostituir en este momento definitorio de nuestra historia, a una semana de las elecciones, es el significado de aquello que llamamos voto útil. ¿Y qué significa eso? Votar por el candidato que está mejor posicionado en la calle y las encuestas para detener la amenaza que se cierne sobre Puerto Rico.

¿Y quién es ese candidato? ¿Jesús Manuel? ¿Javier Jiménez? Ninguno de los dos. Quien vote por alguno de estos dos caballeros botará su voto. En esta elección el único voto útil tiene nombre y apellido. Y se llama Juan Dalmau. ¿Y por qué? Porque es quien único cuenta con la fuerza y el momentum en la calle para detener a Jenniffer González y los alicates del PNP, quienes pretenden seguir robándole hasta las entrañas a este pobre pueblo.

Ante tan grave amenaza se impone la obligación patriótica de abrazar el voto útil.

Cueste lo que cueste.

Sin miedo.

Por Puerto Rico.

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