Rafael Cox Alomar

Blog Details

Home

.

Blog Details

Del papa Francisco al padre Tito

Del papa Francisco al padre Tito Publicado el 1ro de julio del 2025 en El Nuevo Día. Poco después de la muerte del papa Francisco, visité la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma. El mar humano que, de forma silente y solemne, hacía fila para contemplar la tumba de Francisco y rendirle homenaje…

|

|

,

Del papa Francisco al padre Tito

Publicado el 1ro de julio del 2025 en El Nuevo Día.

Poco después de la muerte del papa Francisco, visité la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma. El mar humano que, de forma silente y solemne, hacía fila para contemplar la tumba de Francisco y rendirle homenaje provenía de todos los confines del planeta.

Hombres, mujeres y niños de distintas razas, nacionalidades, persuasiones ideológicas y condiciones socioeconómicas se confundían en una masa compacta para ofrendar su tributo al sumo pontífice que (posiblemente más que ninguno de sus predecesores) encarnó con altura y decoro el don eclesiástico de la caridad (“caritas” en latín).

Fue el propio Francisco quien en múltiples ocasiones proclamó que “una Iglesia sin caridad no existe”. Y la caridad, como advirtió Benedicto XVI en su encíclica “Caritas in Veritate” (con fecha del 29 de junio de 2009), “exige la justicia, el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las personas y los pueblos”. Por tanto, como apuntaló Benedicto en su encíclica, “la justicia es inseparable de la caridad”.

Así las cosas, y ya de vuelta en Puerto Rico, veo cómo, para desdoro de la Iglesia y la comunidad parroquial, se ha puesto en tela de juicio la integridad del sacerdote diocesano Antonio Vázquez Colón, conocido cariñosamente como padre Tito, en abierto menoscabo del debido proceso y del don de la caridad.

En vista de la notoriedad pública que ha cobrado la suspensión del padre Tito como párroco de la Iglesia Stella Maris (a la que pertenezco) y de los ataques abusivos a su honra, reputación e intimidad que hoy circulan por las redes sociales, hago un alto en la temática que suelo tratar en mis columnas porque se impone la obligación de hacer valer la justicia.

¿Y quién es padre Tito?

Un sacerdote puertorriqueño con 35 años de ministerio que viene de una familia de servidores públicos con raíces en Aguirre y Santa Isabel (su padre era policía y su madre enfermera) y que, por décadas, lo que ha hecho es servir.

¿Servir a quién?

A los adictos, a los deambulantes, a los huérfanos, a los sordomudos, a los pacientes de Alzheimer, a los desvalidos, a los adultos mayores, a los olvidados, a los derrotados de la tierra (en las agudas palabras de Frantz Fanon).

A pesar de sus dos maestrías en Teología y de tener un conocimiento enciclopédico en materia eclesiástica, Tito no es un cura de escritorio. Él es un incansable gestor de obra social. Su ministerio no es frívolo, ficticio ni superficial. Lo de Tito es real.

¿Y qué pasó?

Pasó que un tal cura César Santos, a quien Tito acogió en su parroquia, cursó un correo electrónico al Arzobispo de San Juan con fecha del 30 de mayo de 2025 levantando toda suerte de alegaciones imprecisas, plagadas de prueba de referencia (“hearsay”), acusando a Tito de consumo de alcohol en tres ocasiones durante el mes de abril y atacando impropiamente sus decisiones administrativas.

Ese fue el pliego acusatorio que culminó con la comentada suspensión de Tito y que (añadiéndole sal a la herida) catapultó a su acusador a párroco interino de la iglesia.

¿Y cuál es el problema?

Que se ultrajó la reputación de Tito sin que él pudiera defenderse de su inquisidor. Que se le acusó de alcohólico públicamente en flagrante violación a sus derechos bajo la ley federal HIPAA y a la inviolabilidad de su dignidad bajo nuestra Constitución. Que no hubo oportunidad de impugnar las acusaciones ni de presentar prueba exculpatoria (como requiere el Canon 745 del Código Canónico). Que se premió a un delator que, a escondidas, le asestó una puñalada trapera a su benefactor.

¿Y ahora qué?

Hacer justicia. Poner el oído en tierra. Escuchar a la feligresía.

Si la Iglesia pidió perdón al mundo por la Inquisición, por condenar a Juana de Arco a la hoguera, por perseguir a los judíos, por apresar a Galileo Galilei y por esclavizar a los indios, no veo cómo no se pueda hacer justicia con padre Tito –justicia que requerirá crear las condiciones para su reinstalación como párroco de Stella Maris y para la reivindicación de su honra y reputación.

You May Also Like

Rafael Cox Alomar