Rafael Cox Alomar

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¿Comunismo a la vuelta de la esquina?

Published at El Nuevo Día ¿Será verdad lo que dicen algunos que el comunismo está a la vuelta de la esquina? A casi mes y medio de las elecciones, el escenario político se ha radicalizado a tal punto que se perdió de vista que el derecho a la irreverencia y a la hipérbole retórica es…

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¿Será verdad lo que dicen algunos que el comunismo está a la vuelta de la esquina? A casi mes y medio de las elecciones, el escenario político se ha radicalizado a tal punto que se perdió de vista que el derecho a la irreverencia y a la hipérbole retórica es el nervio central de la democracia y que la mordaza es totalmente incompatible con nuestro orden constitucional.

Tan reprochable es la postura de quienes buscan censurar a Bad Bunny por su cántico de “muerte al PNP,” como la actitud de quienes andan buscando cómo sacar del aire a la Comay (y su manejador Kobbo Santarrosa) por sus incesantes ataques contra Juan Dalmau.

No procede ni lo uno ni lo otro. Lo que procede es contestar con cabeza fría la siguiente pregunta:

¿Si Juan Dalmau fuera marxista (que no lo es) podría imponer aquí un régimen comunista de resultar electo gobernador? ¿Liquidar nuestro sistema de partidos e instaurar en Puerto Rico una dictadura de partido único como en China, Cuba, Vietnam o Corea del Norte? ¿Acabar con el capitalismo? ¿Confiscar la propiedad privada? ¿Carpetear, encarcelar, torturar y fusilar a quienes piensen distinto a él? ¿Cerrar las iglesias? ¿Silenciar a la prensa?¿Desaparecer periodistas, analistas, “influencers” y ventrílocuos? ¿Disolver el poder legislativo?¿Desbandar la rama judicial?

La respuesta a cada una de esas preguntas es un rotundo NO. ¿Y por qué? Porque Puerto Rico es un territorio americano sujeto a la Constitución de los Estados Unidos y a su propia Constitución la cual a través de una rica y abarcadora Carta de Derechos garantiza inexpugnablemente nuestros más caros derechos libertarios.

¿Y qué significa eso? Significa que ningún gobernador podría implantar aquí un régimen de partido único porque el derecho fundamental a la libertad de asociación que emana de la Primera Enmienda federal y de la Sección 6 de nuestra Carta de Derechos no se lo permitiría. Significa que ninguno podría acabar con el capitalismo ni la propiedad privada porque el derecho fundamental al debido proceso que emana de la Quinta Enmienda federal y la Sección 7 de nuestra Carta de Derechos no se lo permitiría.

Significa, además, que amordazar a la prensa y desaparecer a la oposición tampoco sería opción porque el derecho a una prensa libre que surge de la Primera Enmienda federal y la Sección 4 de nuestra Carta de Derechos tampoco se lo permitiría. Significa que las iglesias no corren peligro alguno porque tanto la Primera Enmienda federal, así como la Sección 3 de la Carta de Derechos garantizan la libertad de culto y la más completa separación de Iglesia y estado.

Significa, por último, que ningún gobernador podría dar un golpe de estado porque tanto la Constitución federal como la de Puerto Rico garantizan nuestra forma republicana de gobierno.

Y los más incrédulos preguntarán: ¿si Dalmau gana podría derogar la Constitución como hizo Castro con la Constitución cubana de 1901 o Franco con la Constitución española de 1931? No. ¿Por qué? Porque en Puerto Rico el gobernador no tiene ese poder y porque la Constitución establece que ninguna enmienda podrá alterar nuestra forma republicana de gobierno ni abolir nuestra Carta de Derechos. (Véase Artículo VII, Sección 3 de la Constitución).

También habrá quien pregunte: ¿y si gana Dalmau impondrá la independencia por la fuerza? ¿Votar por Dalmau es votar por la independencia? No. ¿Acaso llegó la estadidad con la elección de Luis A. Ferré, Carlos Romero Barceló, Pedro y Ricardo Rosselló, Luis Fortuño y Pedro Pierluisi? Quien único puede cambiar el status es el pueblo en negociación con el Congreso.

Entre 2019 y 2024, los partidos independentistas ganaron las elecciones en Taiwán, Groenlandia, Irlanda del Norte, Gales, Escocia y Cataluña y en ninguna de esas jurisdicciones el triunfo del nacionalismo desembocó en la separación de China, Dinamarca, Inglaterra y España, respectivamente.

¿Y por qué? Porque una cosa es la elección local para atender con integridad, honradez e inteligencia los problemas cotidianos de la gente y otra, muy distinta, es un cambio de status. No confundamos la gimnasia con la magnesia.

Este próximo 5 de noviembre, salgamos a votar con todas nuestras fuerzas.

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