El primer debate de los candidatos a la gobernación llegó y se marchó. Y con ese debate regresó a mi mente el recuerdo lejano de aquella clase de religiones comparadas que tomé con el sacerdote jesuita Juan José Santiago, durante mi último año de escuela superior. Dotado de una rica cultura y liberado (como buen jesuita) de los prejuicios ideológicos y canónicos de los elementos más conservadores de la Iglesia Católica, el padre Santiago nos invitó a explorar los intersticios de las religiones orientales.
Curiosamente, lo superficial del pasado debate trajo a mi memoria el concepto del ciclo del samsara, tan presente en el budismo e hinduismo, y al cual el padre Santiago se refería en sus entretenidas y eruditas conferencias. El samsara no es otra cosa que el perpetuo ciclo del nacer, vivir y morir, para volver a nacer, vivir y morir y así sucesivamente. ¿Y qué tiene que ver el ciclo del samsara con el pasado debate de los candidatos a la gobernación? Que en Puerto Rico, para nuestra desdicha, la política discurre en un ciclo de perpetua repetición. Aún estamos muy lejos del nirvana. Cambian los personajes, pero la crisis sigue igual. Y es que políticamente estamos de vuelta a los 1930.
¿Y en qué se parece lo que estamos viviendo hoy con la caótica década del 1930? En todo o casi todo, que no es lo mismo, pero es igual (en las melódicas palabras de Silvio Rodríguez). En primer lugar, hemos vuelto a caer en las manos de una camarilla de politicastros estadistas adictos (en su mayoría) a la corrupción y al uso y abuso del poder para ocultar sus raterías. (Para una radiografía del pillaje coalicionista durante la década del 30 consúltese Epifanio Fiz Jiménez, “El racket del Capitolio” (1944)).
En segundo lugar, nuevamente la camarilla en el poder (antes la Coalición, que fue una burundanga política urdida entre republicanos y socialistas y hoy el PNP) prostituye la estadidad para usarla de carnada en la pesca de votos mientras por detrás y a escondidas sigue robando a manos llenas. Convirtiéndose así en uno de los más letales obstáculos que confronta la estadidad en Washington. Cosa que explica por qué el natimuerto proyecto de admisión de Jenniffer (H.R. 1522 de 2021) yace hoy en la misma tumba donde por los pasados 90 años han reposado las cenizas del proyecto de estadidad que el entonces comisionado residente Santiago Iglesias Pantín radicó en el Congreso el 2 de junio de 1934 (H.R. 9831).
En tercer lugar, nuevamente un gobierno estadista con control hegemónico sobre los tribunales y el aparato electoral intenta por todos los medios silenciar y de paso aplastar a la oposición. (Compárese Rivera Segarra v. Rivera Lassén (2024) con Barceló v. Saldaña (1931)).
En cuarto lugar, volvió a desangrarse el autonomismo de la mano del partido que lo dice defender y con ello se ha vuelto a radicalizar nuestro escenario político entre anexionistas e independentistas.
Ayer fueron las inconsecuentes visitas de Herbert Hoover (1931) y Franklin Roosevelt (1934) luego del demoledor paso de San Felipe (1928) y San Ciprián (1932), hoy nos visitan Donald Trump y Joe Biden a raíz de María y Fiona.
Ayer fueron la P.R.R.A y la P.R.E.R.A., hoy son Promesa y la Junta de Control Fiscal.
Ayer fueron las masacres de Río Piedras (1935) y Ponce (1937), hoy es el carpeteo digital en los tremebundos chats del PNP.
Ayer fue la descalificación del congresista Vito Marcantonio por defender los derechos libertarios de Pedro Albizu Campos (1936), hoy es la descalificación de la congresista Nydia Velázquez por desmentir los embustes politiqueros que mezquinamente se urden contra Juan Dalmau.
Ayer fue el miedo contra la independencia y el proyecto Tydings (1936), hoy es la patraña del comunismo y la dictadura.
Ayer el pueblo sacó a la Coalición del poder a voto limpio, hoy habrá que hacer lo propio con el PNP.
De frente y sin miedo.